Domingo, 06 de septiembre de 2009
Félix López Gallego
PREGÓN DEL XLV
CONCURSO NACIONAL DE TARANTAS
Linares, 19 agosto de 2009Dª Macarena García Palacios, Concejala de Cultura y Festejos del Excelentísimo Ayuntamiento de Linares, señoras y señores, amigos todos:
Acepté la petición que se me hizo para pregonar algo tan arraigado en nuestra ciudad como este Concurso Nacional de Tarantas y agradezco la confianza que la organización puso en mi persona, lo que hago extensivo a cuantos vieron en este presunto pregonero el conocimiento, méritos o dotes suficientes para desempeñar esta misión; y acepté, además de por el honor que representa, porque ello me obligaba a intentar analizar este arte, el de nuestro cante, desde el punto de vista histórico y antropológico, pues si el flamenco es de la tierra del sur, esta pequeña pero privilegiada porción que es Linares, es la tierra de la taranta, pues nació cuando el minero, desde el fondo de la mina, gritaba su desazón con palos de la mejor catadura, unos palos que algunos flamencólogos se resisten a llamar linarenses, aunque reconocen que nacieron al arrullo de sus minas, un palo que en este caso concreto tiene nombre y apellido. Por consiguiente, intentaré aportar algo nuevo en la confianza de no aburrirles ni defraudarles, y si así no fuera, ruego y agradeceré su indulgencia.
Félix López Gallego durante su pregón de la Taranta en el teatro Cervantes de Linares, junto a Macarena García Palacios, Concejala de Cultura y Festejos del Ayuntamiento linarense. (Foto de Alberto Olea Romero)
Este concurso de tarantas nos aviva el recuerdo de nuestro pasado mas esplendoroso, de nuestras minas y de aquellos mineros que trabajaban en lo “hondo” de nuestra tierra, los mismos que por el camino cantaban su taranta, los mismos que excavaron las galerías que permitieron explotar los filones, esas venas preciosas y ricas que la madre naturaleza puso entre el granito del subsuelo de nuestra patria chica como el mejor de los regalos, el del plomo y su plata, gracias al cual pudimos convertirnos en la ciudad próspera, industrial y autosuficiente, que elevó nuestro nombre, el nombre de Linares, a la categoría universal de que aún disfrutamos.
Y esas mismas explotaciones mineras son las que fueron provocando los altibajos económicos y demográficos de Linares; ellas han venido siendo durante muchas generaciones las luces y sombras de nuestra historia, pero a la vez, acicate que a través de los siglos, intermitentemente, nos llamaban a la planificación y al esfuerzo para levantar la ciudad y ponerla a la altura y lugar que le correspondía; un llamamiento a la responsabilidad de contribuir de una forma coherente y eficaz al trabajo común de trazar las bases para un futuro estable y próspero.
Con la intervención de los concursantes, el aire de Linares vibra con el cante más hermoso de nuestra tierra, un cante que nos transporta hacia aquellos caminos, aquellas veredas y trochas abiertas paso a paso, día a día, por donde antaño anduvieron los mineros camino de las Masegosas, de Arrayanes, de la mina del Romero o de la Albahaca, de la Cruz o tal vez del Calvario, donde aún parece escucharse el eco de su canturreo doliente; caminos que tenían al final el tajo que esperaba a tanto obrero, al peón, el del martillo picador, el del atascador y la pega, del entibador, el paseante o el de la lavá o lavadero; tajo donde el minero cambió su vida por el plomo, donde cambió su salud por la silicosis, donde convirtió su trabajo y su particular forma de vida en una leyenda que al final se hizo historia, una historia que está presente en nuestra ciudad durante la feria y fiestas de San Agustín con este concurso que viene siendo, por sí solo, su mejor pregonero y que a la vez, es el homenaje a tantos hombres que en las minas, dejaron su salud, cuando no su vida, trabajando en las entrañas de nuestra tierra.
Y ese particular cante del minero se convierte por estas fechas en un clamor encendido y casi místico que lleva a nuestra ciudad a ser el centro y capital del cante, elevando la taranta al papel de principal protagonista del flamenco, poniendo en valor nuestra tradición y dando con ello testimonio vivo de nuestro pasado.
E hicimos con ello, lo que escribió el poeta;
“Lo que por herencia tienes de tus padres,
Adquiérelo para poseerlo.
Aquello que no se apropia es una grave carga;
Sólo lo que el momento crea
Es lo que utilizarse puede…
Sólo merece libertad y vida
El que diariamente sabe conquistarla”.
Y supimos tomar y mantener encendida aquella antorcha que era la herencia de nuestros antepasados, pues la libertad y la vida es un derecho divino que por naturaleza nos pertenece. Y para el losange de nuestro escudo elegimos el fragmento de aquel Salmo que dice “ahora comienza este cambio…” para que no se nos olvide que el cambio es constante, que el día a día hay que ganárselo a pulso, que somos jornaleros del presente construyendo el futuro pero, sin dejar de volver la cabeza para conocer las ejemplares esencias del pasado, para no cometer y tener que arrastrar errores que sean una carga en nuestra vida. Y hemos sido capaces de poseer la taranta como propia, y por ello, la ensalzamos cantándola para que el mundo sepa que Linares existe, que Linares está vivo, que la taranta es nuestro cante, ¡sí, nuestro cante!
Y es nuestro cante porque cuando hasta aquí llegaron los mineros de algunas provincias de la costa mediterránea, lo que cantaban era lo que por allí se entonaba, y desde Almería nos llegó el cante taranto, bien definido y estudiado por los flamencólogos… y con el nombre de taranto o tarantón se conocía y llamaba en Linares a los que desde aquella provincia venían, con su particular forma de cantar, un cante que es como un quejío que sale de las entrañas… Y lo que voy a exponerles es una teoría muy particular pero que bien pudo ser el origen de que una variante de aquel cante se llamara en Linares con el nombre de “taranta”, una opinión que ya expuse verbalmente en el transcurso de una de las conferencias que sobre el tema se pronunciaron dentro de los “Encuentros con Linares” programados en el Instituto Huarte de San Juan.
En esta historia del origen del nombre, no han faltado las sugerencias de quienes incluso han pretendido imponer otro nombre a la taranta, lo que afortunadamente no prosperó, pues ello hubiera terminado quitando el nombre a algo que tan estrechamente identifica a nuestra ciudad.
Y fue entonces cuando nos preguntamos del porqué de la taranta, el porqué de ése nombre de mujer que vino a tener o darse a aquel cante en Linares.
Y entre otras hipótesis que estudiamos, sólo encontramos una que resultara medianamente convincente. como es la de que tal vez hasta aquí llegara la mujer de uno de aquellos tarantos que, con una voz prodigiosa, entonara de forma única e incomparable los cantes tarantos de su tierra… pero recreándolos con un estilo muy personal, muy particular, aportándole las variantes suficientes para alcanzar y conseguir una identidad propia que provocaba la admiración de quienes la escuchaban y que otros cantaores terminaron copiando; ella tal vez cantara primero en las corralas, después, requerida por sus seguidores lanzara aquellos cantes en las ventas del alfoz, de las afueras, aquellas ventas y tabernas que abundaban junto a los caminos, con emparraos en los exteriores, bajo los cuales se tocaba la guitarra, se cantaba y jugaba a las cartas, a las anillas, al dominó… e incluso es probable que su fama la llevara a actuar en algún tablao flamenco, o en algún casino…. Y entre los grandes aficionados de la entonces villa de Linares, que seguían sus actuaciones, se dijeran que iban a escuchar no ya a la mujer del taranto, sino a la taranta… o si lo prefieren, “el cante de la taranta”… y desde allí, por ir a escuchar a ella, por ir a escuchar a la taranta, se terminaron fundiendo los términos hasta conocer con el mismo nombre tanto a la cantaora como al cante mismo. Y por ese fenómeno de la ida y vuelta de los cantes, de los nombres que recibieron aplicándole el gentilicio de las tierras de donde procedían, de los trabajadores de determinados oficios en que más se cantaban, o de sus propios interpretes, a aquel cante que nos llegó y fue dado a conocer por alguien procedente de Almería, de su zona minera, aquí consiguió su propia identidad, y se lo bautizamos dándole nombre, llamándolo taranta, uno de los cantes – por no decir el que más – de los emocionantes y profundos de nuestra misteriosa alma con el cual el minero llegó a sentirse más identificado.
A veces, centramos nuestro empeño en buscar el origen de ciertos nombres, de determinadas cosas, recurriendo a lo más difícil, y esa búsqueda nos aleja de lo que a final de cuentas es bastante más fácil, como bien puede ser este caso.
Por eso, apresto mi voz de pregonero, para ensalzar a esa desconocida mujer que dio nombre a nuestro cante, y a ti te lo dedico,
Taranta
Mujer del taranto minero,
Que te pusiste en la garganta
El cante que trajiste de tu pueblo,
Y le diste nuevos giros,
Le imprimistes nuevos aires
Hasta hacerlo tan nuestro
Que se quedó en estos lares
Dando nombre a un canto nuevo,
¡La taranta de Linares!
Estoy obligado a dedicar un recuerdo a dos geniales y grandes monstruos del arte, uno de ellos musical, como fue Manuel de Falla y el otro, el gran poeta Federico García Lorca, comprometidos cada cual en su particular producción artística, pero que batallaron en un frente común, pues ellos defendieron, recopilaron y se declararon defensores del flamenco, del cante tradicional andaluz; y forzosamente he de referirme a la conferencia pronunciada por García Lorca el 19 de febrero de 1922 en el Centro Artístico y Literario de Granada que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo cante andaluz llamado jondo”. En aquella ocasión, Lorca dijo que “el alma musical del pueblo estaba en peligro y que el tesoro artístico de una raza va camino del olvido…”
Se refería a esa amalgama de culturas que conformaron el pueblo andaluz y su particular forma de expresarse a través de una gran variedad de cantes, un pueblo del que – hace años - en un momento determinado, escribí;
Me da tristeza este pueblo
Nuestro de los andaluces,
Este pueblo lleno de hambre,
Del gazpacho, del puchero,
Crucificado sin cruces.
Con sus casas encaladas,
Con olivos a millares;
Donde el vino te adormece;
De bellezas demacradas
Con vestidos de lunares.
Donde hasta las fuentes
Lloran para el cántaro fecundo,
De hembras con rostro sereno
Que a sus vírgenes imploran
Como nadie en este mundo.
Donde la voz es… ¡ gemido
Que se rompe en la garganta
¡Y, al brotar, hecha jirones,
Quejándose ante el olvido,
En lugar de llorar… ¡canta!
Y así es nuestro pueblo, un pueblo que trabaja, un pueblo que ora, un pueblo que canta…
Y en aquella conferencia de Federico García Lorca a que antes me refería, él dijo: “Ha llegado, pues la hora en que las voces de músicos, poetas y artistas españoles, se unan, por instinto de conservación, para definir y exaltar las claras bellezas y sugestiones de estos cantos”.
El 7 de junio se celebró en el Hotel Alhambra Palace un acto preliminar, como una llamada de atención, en que Manuel de Falla dio lectura a unos escritos sobre el cante jondo, el tocaor “Niño de Baza” interpretó un “Preludio para la Petenera”, y Federico García Lorca que dio lectura a su “Poema del Cante Jondo”… y allí intervino también nuestro paisano Andrés Segovia, que finalizó el acto tocando unas soleares. Una noche de lujo para Granada, un lujo necesario para la recuperación y conservación de la esencia del alma andaluza.
Pero lo principal, que era el “Festival del Cante Jondo”, tuvo lugar los días 13 y 14 de junio de aquel mismo año de 1922, y se celebró en un marco incomparable, en la plaza de los Aljibes de la Alhambra, y cuentan las crónicas que en el mismo triunfó el cantaor Diego Bermúdez Calas, (a) “el Tenazas”, que con sus sesenta años, fue a pie, caminando durante tres días desde Puente Genil… me atrevería a decir que hasta arrastrado por el duende.
Me ha llamado poderosamente la atención la omisión observada en alguno de los libros que he consultado sobre el flamenco y en el que se hace referencia a una llamada “Ruta del Duende”, en que se incluyen las provincias de Cádiz, Sevilla, Huelva, Córdoba, Granada, Murcia (donde dice se celebra el “Festival Nacional del Cante de las Minas”) Barcelona e incluso Madrid, pero sin alusión alguna a nuestra provincia, en la que Linares destaca de una forma grandiosa y por méritos propios; un Linares, que tan buenos cantaores y cantaoras ha dado y donde se celebra este magno “Concurso Nacional de Tarantas”. Como si en Linares no tuviéramos nuestro propio duende, ése duende que todos sentimos y que nadie es capaz de explicar.
Por ello, hemos de agradecer al Excmo. Ayuntamiento, el seguir manteniendo este concurso que tuvo sus inicios en agosto de 1963, y como I Concurso de Tarantas, en el año siguiente de 1964, concurso que vino a potenciar nuestro particular tesoro artístico. Y agradecer también a las peñas flamencas su trabajo de bordón y candil, pues fueron y siguen siendo filón y cultivo de tantos cantaores que de ellas han salido, de los muchos y muchas que ha producido esta tierra…
El cante, por sí mismo, sea cual fuere el palo, es hermoso, mas para lograr su grandeza, necesita el acompañamiento de aquel otro artista que arranca a la guitarra los sones necesarios, los acordes precisos y preciosos que sirven de preámbulo e inspiración, que provocan la concentración necesaria en el cantaor…. ¡La guitarra!….
Guitarra del mesón
que hoy suenas jota,
Mañana petenera,
Según quien llega y tañe
Las empolvadas cuerdas.
Guitarra del mesón de los caminos,
No fuiste nunca ni serás poeta.
Tú eres alma que dice su armonía
Solitaria a las almas pasajeras…
Y, siempre que te escucha el caminante,
Sueña escuchar un aire de su tierra.
(Antonio Machado .- Poesías .- “Los sueños”)
Así lo escribió Antonio Machado, y fue parejo en este amor al cante, a lo andaluz, su hermano Manuel, autor de aquella otra poesía que dedicó a casi todos los cantes y que a pesar de ser sobradamente conocida, no me resisto a recitarla aquí, pues de su versatil y prolífera pluma salió esa apología del cante en que nos decía:
Sevillanas,
Chuflas, tientos, marianas,
Tarantas, “tonás”, livianas…
Peteneras,
“Soleares”, “soleariyas”,
Martinetes, carceleras…
Serranas, cartageneras,
Malagueñas, granadinas.
Todo el cante de levante,
Todo el cante de las minas,
Todo el cante…
(Manuel Machado .- “Cantaora”)
Dedicado a la guitarra, ese instrumento popular y sencillo que nuestro paisano Andrés Segovia elevó a la más alta categoría, escribió Manuel Machado una de sus composiciones poéticas, una especie de monólogo, como si ella misma lo interpretara y nos dijera:
Hablo, sollozo, deliro…
Sé de la risa y el llanto,
Con las bocas rojas canto,
Con los ojos negros, miro.
Con los amantes suspiro,
Y río con los guasones.
Son mis notas goterones
De agua fresca en el rosal…
Y tengo toda la sal
De España en mis lagrimones.
(Manuel Machado .- Poesías .- “Dice la guitarra”)
Las letras del cante flamenco son todas ellas un brazado de poesía, mas es en la taranta donde gime el alma del minero, donde suaviza su agonía, donde vuelca sus pesares, donde él solo se hace compañía, donde su corazón palpita, canta y sueña, y por veredas musicales, con profundo sentimiento, mira al cielo, suspira y, con voz desgarrada, nos cuenta su desazón interna… y clavando los ojos en el suelo, como si con su mirada quisiera taladrar la tierra, tras poner la mano en el pecho, lanza con voz potente su cante, un cante que se pierde en el viento levantando el vuelo como blanca paloma, acompañado por el rasgueo de la guitarra, donde la prima canta y el bordón llora… y se dice el minero…
“No importa la vida, que ya está perdida: y después de todo, ¿qué es eso de la vida?... ¡Cantares!… que cantando la pena, la pena se olvida…”
Y de esas letras que dijimos eran como un brazado de poesía, algunas nos hablan de amor… y dicen:
San Antonio bendito
Dame un marido
Que ni coma… ni fume…
Ni beba vino..
Ya te lo he dado;
Jugador a las cartas
Y enamorado
o aquella otra …
Asómate a la ventana
Morena de mi querer,
Que con el fuego de tus ojos
Este cigarro encenderé.
Cada vez que miro el sitio
Donde te he solido hablar,
Comienzan mis pobres ojos
Gotas de sangre a llorar.
O la más hermosa de todas que viene a ser como el final de una historia de amor y muerte, cuando dice
Si ocasito muero, mira qué te encargo;
Que con las trenzas de tu pelo negro
Me ates las manos….
Mas estamos con las taranta y con ellas terminaremos, con las que cantaban los mineros cuando, apenas deslumbrando el alba, caminaban hacia el tajo, rumoreándola, sacando las viejas esencias dormidas y lanzándolas al viento, contando su dolor y su historia verídica, entonándola bajito, componiendo estrofas con pasajes de su vida, de su casa, de su trabajo, y por eso, siendo pura poesía las letras del flamenco en general, sentimos especial predilección por las letras de nuestra taranta… pues en sus estrofas se mezclan sentimientos y pasiones, donde se habla del amor y el odio, donde se manifiesta el sentimiento por el accidente, donde se lamenta y recuerda la muerte del compañero, donde se confiesan los celos y se canta el engaño de la mujer amada… o la mala suerte en las cartas… e incluso alguna otra que nos habla de cuando se cerró La Cruz, del apagón minero, de la reconversión que sufrió Linares… en que muchos pasaron a trabajar en Santana
Me despachan de La Cruz
Y me voy a la cadena…
Santa María y La Unión,
Y el porvenir que me espera
Achuchando el apagón.
Y algunas otras como
Yo me levanto
Antes que venga el día
Y por caminos de Arrayanes
Busco el pan
Currando en la galería.
Por mucha sed que tenga
Cuando paso por acá,
Me aguanto
Pa, cuando vuelva,
Beber en la fuente el Pisar
¡Bendita sea la luz del día!
Al fin terminó la jornada,
Maldita sea la galería
Que aunque me da el pan
Poco a poco me mata
O el que sabiéndose ya enfermo, cantó
Al verme triste y malito
Se me parte el corazón,
Así, cuando canto, lloro,
Y se me apaga la voz…
… y estrofas, que aunque sólo sean estrofas, ya dicen bastante…
De madrugá me levanto
Para ir a trabajar…
Si supiera que cantando
Terminaba ya mi faena…
Soy de Linares,
De tierra de minas.
Y llevo plomo en las venas....
Dicen de la taranta que es un cante valiente y recio, de sublime belleza y fuerza descriptiva, un cante libre y sin medida, derivado del primitivo fandango regional, que suele ejecutarse por “aires abandonaos”, pero en “fa sostenido”… mas para mí, es además un cante en cuya ejecución el cantaor palpita y sueña interpretando una de las muestras más hermosas de la familia del flamenco, comparables al taranto, la cartagenera, la minera, la murciana, los verdiales, la jabera… todas ellas de marcado carácter localista. Para nosotros, la verdadera dimensión de este rango lo alcanzamos con lo nuestro, con la taranta, que de forma excepcional se manifiesta en este Concurso Nacional, en el que se valora la interpretación del concursante, el temple, la voz, la fuerza; porque ellos, los concursantes, son los que engrandecen nuestro cante, al que imprimen su peculiar sello personal, convirtiéndolo en un modo de expresión único por cada interprete, y teniendo siempre – como fondo - la guitarra... cantaores, guitarra, letra y canto… o, lo que es lo mismo; música, poesía y la voz del cantaor, todo lo cual nos cala hondo. A todo ello he querido referirme, a todos ellos ha querido ensalzar este que les habla y que también se estremece escuchando la taranta de Linares.
Por todo lo expuesto, como pregonero, felicito a los concursantes a la vez que deseo larga vida a este concurso y como exaltación final a nuestro cante, levanto mi voz para deciros:
Viva la taranta,
Viva el pueblo que la escucha
Y el cantaor que la canta.
Muchas gracias por su atención.
BIBLIOGRAFÍA
“Agenda Flamenca”.- Félix Grande
“Los largos caminos del flamenco”.- José María Roldan, José Cabo Hernández
“Cafés cantantes de Linares”.- Ana María Díaz Olaya
“Taranta - Cante y artistas de Linares”. -Manuel Urbano Pérez Ortega.
Se habla del origen del taranto en la sierra almeriense cuya interpretación fue proyectándose a otros lugares, pero este nombre, el de taranto, era aquel conque se conocía al procedente de Almería, y cuando se habla del origen de la taranta, se mencionada al Taranto y su cante, nombre este de taranto o tarantón, con el cual eran conocidos los mineros que habían nacido en Almería.
Por: La Cuchara de Palo | Artículos de Félix López Gallego | Comentarios (1) | Referencias (0)
He leido con cierta emocion el texto de este pregón del Concurso de la taranta de Linares pues además de ensalzarla he conocido algo de lo que tuvo que ser la vida minera en esa ciudad donde al parecer hay una gran afición al cante flamenco
JUANDE | 12-09-2009 02:45:08



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José María Suárez Gallego
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